Con las claritas del día y desde el puerto de Salarena, mar en calma, viento suave de poniente y a una sola jornada de alcanzar el plenilunio, ha zarpado el Nautilus.
La embarcación literaria de Nemo ha iniciado esta nueva aventura de la publicación en papel tras varios años de cita diaria a través de diversas redes sociales. Que el Nautilus se lance a ello no implica que abandone la tarea habitual, ya que, de las varias motivaciones que avivan su labor, la más importante es precisamente mantener al columnista pegado a la página. Supone un modo de entrar al día, de retornar desde los paisajes del sueño, de reingresar en la lucha por la vida.
Claro que es agradable contar con lectores, pues éstos, además, brindan el sentido último del mensaje emitido. Un lector no es, o no debe de ser, un pánfilo a quien agrade o convenza todo cuanto haga el juntaletras. Muy al contrario, el buen lector juzga, perfila su postura y mantiene puntuales desacuerdos con el escribidor. Pero sí que existe entre quien escribe y quien lee una intimidad, un estar juntos, aislados del resto.
Eso es el Nautilus, que marcha hacia las profundidades, bajo las mareas de lo cotidiano, donde la inmersión en la soledad de la lectura permite desembarazarse del ruido de las orillas y discernir.
Sin embargo, uno de los fenómenos más fascinantes del caso viene del hecho de que, cuanto más se interna la nave en los océanos propios, más lectores halla. Y lo que comenzó como una manera de escapar del resto, de abandonar la comunidad para proteger la visión personal, ha acabado encontrando la creciente compañía de una suma de solitarios que, así, mantienen su soledad aunque dejen de estar solos. Resulta asombroso, paradójico, acaso un encantamiento de la lectura, que cuanto más te alejas, más cerca estás de los demás. Que cuanto más solitario es el rumbo marcado por Nemo, más comunión consigue.
Cien columnas conforman la estructura de este Nautilus. Se agrupan en capítulos separados según la mirada narrativa que los rige. La crítica bufonesca hacia el poder, la prosa poética como código para descifrar el tiempo y sus misterios, el cronista de la villa que atiende a los protagonistas más destacados o que más relato inspiran.
A través de la tienda de Amazon se puede obtener el pasaje. El capitán advierte acerca de un solo aspecto a tener en cuenta: conocer el mundo no cambia al mundo, pero sí a quien lo observa. Si la navegación es eficaz, el lector, al término de las cien singladuras, debería haberse enriquecido con algún hallazgo, una metáfora, un verso… Ojalá sea así. Sed bienvenidos a bordo. De corazón, amigos, os deseo un feliz viaje.