Son ellos

Te costará, si te decides a buscarlo, porque hay orden de ocultarlo. No sea que cunda el pánico. No sea que el personal se dé cuenta. No sea que despierten algunos. No sea que qué. Si ya es demasiado tarde para todo. Me refiero a una cuestión que todos están evitando, mirando hacia otro lado, no sea que alguien nos señale: ¿cuántos apuñalamientos ha habido en los últimos días y por parte de quién?

No, pero eso no se puede decir. Hablemos mejor de otras cosas: de fútbol, de izquierdas y derechas, de Trump.

No. Hagamos la pregunta. ¿Quiénes son los autores de los apuñalamientos? No se puede decir inmigrantes porque ahora hay que decir migrantes. Por ende, quizá haya que decir puñaladores en vez de apuñaladores. Pero lo sabes: son ellos. ¿Quiénes? Los jefes de los jefes. Hay unos culpables claros. Unos culpables que son los que dan órdenes a quienes dan órdenes. Los amos de los políticos, los que diseñan las políticas nacionales, los que deciden qué países han de prolongar la edad de jubilación, forzar al aborto, entrar en guerra, disolver sus fronteras para verse invadidos por lo salvaje o hacer caer los sueldos hasta incurrir en la esclavitud.

No, pero mejor hablemos de las excursiones a la luna, del cambio climático, de lo que dice Tezanos respecto a las elecciones a presidente de tu comunidad de vecinos o de lo que ha soltado Ayuso en su último spot publicitario.

Son ellos. Los de siempre, los que mandan. Ellos son quienes ponen y quitan a cada uno de los políticos que después a ti te van sonando por verlos en la tele y en internet. Los escogen ya ambiciosos, ya obedientes, ya carentes de escrúpulos. Les asignan un papel, un guión, y les ordenan que lo reciten. Ese tipo con el que crees estar tan de acuerdo en realidad no tiene ideología: está defendiendo tal postura como podría irse al lado opuesto. La ideología es para ti: una creación de laboratorio para que no pienses y digas: «Bueno, yo eso lo veo lógico, pero no pertenece a mi ideología, luego no puedo permitirme pensar así, como el enemigo».

Bueno, pero mejor hablemos del arbitraje contra el Atleti o del nuevo virus que se han inventado las noticias o del álbum de fotos que le han hecho a la infanta simulando que es piloto de avión.

No. Digámoslo claro antes de que se acabe la columna y llegue el día y se nos lleve a otros menesteres: quienes apuñalan no sólo son los dementes que han traído, sino quienes los han traído y los amos de quienes los han traído. Cuando se produce un puñalamiento migrante, no mires sólo hacia el autor material del crimen: mira también hacia el político, ese mismo que ahora mismo está pidiendo que lo votes, y hacia el tipo que lleva el pin de la Agenda 2030, y hacia el plutócrata que va de mecenas y de filántropo y de salvador del mundo y que es quien está destrozando la humanidad. Cuando levantan el puño gritando no sé qué de Alá o lo que sea que invoquen, hay más de un brazo alzando el puñal. Y el culpable último de haber convertido en un vertedero todo esto se encuentra muy a gusto en su despacho, o dando ruedas de prensa, o diciéndote cómo has de pensar; preparado, eso sí, para marcharse en cuanto acabe su cometido a disfrutar de lo que ha robado, a su paraíso fiscal, mientras el país se queda atrás ardiendo, consumido en la podredumbre más absoluta.


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