No se irá

Ya entra el lunes por la ventana, deshaciendo la madrugada. Ese territorio que se extiende desde el domingo hasta el lunes sólo pertenece a quienes lo emplean para viajar. Y dice el café primero que hoy la cosa viene con buenos mimbres, pero igual de revuelta. Tocan el claxon los pájaros y pían los coches ahí fuera.

Lo que pasa es que esta lluvia del otoño tiene muy desorientado al personal. No saben los subempleados de Soros si han de irse de la Puerta del Sol de regreso a sus cuevas o si han de continuar fingiendo que algo de todo esto les importa. Dudan también las nubes si descargar sobre un barrio o sobre otro, y yo voy en el Metro leyendo a Gómez de la Serna, Nostalgias de Madrid, que ahí no llueve y las greguerías no se mojan. Dice RAMÓN que las calles Príncipe y de la Cruz son hermanas gemelas, pero, ay, tan distintas que una te da su número y otra te manda a paseo, empoderada.

Nadie sabe a qué atenerse. El Marqués, tan seguro de sí mismo en la tertulia, admite que está perdido, que no le coge el punto a estos tiempos tan cambiantes y acelerados. Los políticos no saben si lanzarse sobre el cadáver de Pedro Sánchez para devorarlo o si respetarlo, y me refiero a los suyos propios, a sus compañeros de partido. Algunos están paralizados por el miedo reverencial –no hacia Sánchez, claro, sino hacia su sueldo–.

Han sido tantas las escenificaciones que vete tú a saber si ésta no es una más y encima pierden el puestito y el despacho en el ministerio de Tal o en el Instituto de no sé qué, por hablar antes de tiempo. Cuando los amos del cotarro quiten a Sánchez –lo harán cuando cuenten con un sustituto que sepa obedecer tan bien como él: está complicado–, muchos de los que ahora viven de bailarle el agua al actual presi mirarán hacia otro lado y dirán que ellos jamás fueron sanchistas, mientras dan la vuelta a su chaqueta reversible y se desmaquillan. Pero en los fines de ciclo todo es posible, y a lo mejor cuando den el paso para traicionarlo se encuentran con que Sánchez ya se ha traicionado a sí mismo, y a ellos, y a todos. A lo mejor se encuentran con que Sánchez nunca ha existido, de tan delgado que se habrá quedado, desgastado por salir tanto en la foto.

Sánchez no se irá, en fin. No se irá nunca. A Sánchez, eso sí, le ordenarán que se vaya quienes lo han puesto en el cargo, que son sus jefes, los amos del cortijo, los que no salen en las noticias y que son los dueños de esto y de lo otro y de lo de más allá. Como hicieron con González, con Aznar o con Zapatero, por poner tres casos. Y ya, dependiendo del grado de satisfacción que deje, le permitirán un retiro dorado para que continúe lucrándose o lo mandarán a la cárcel, que no tiene pinta.

Y nada más. Eso es todo lo que hemos de saber bajo las incertidumbres ventosas de este magnífico octubre que va pasando mientras disimula y hace como que no espera a Morante. Cambian los vientos y las mañanas ensayan futuros fríos, pero siempre hay un café con cristaleras en el que guarecerse y tomar notas, soñando que uno espera a alguien, como cuando lo de la juventud.


Publicado

en

por

Etiquetas: