La conspiración

De todo cuanto se está diciendo respecto a los incendios con los que están arrasando media España, con el discurso oficial empleándose a toda máquina, hay una teoría que me llama la atención sobre las demás. Se trata de un lectura claramente fabricada en un laboratorio social que luego se ha lanzado a la población a través de sus poderosos y constantes canales de distribución.

Me refiero a la idea de que las instituciones están creadas para nuestro bien, y de que todo cuanto hacen es afanarse para que las cosas comunes vayan lo mejor posible. Según esta delirante perspectiva, los fuegos habrían sido causa en última instancia de un cambio en el clima, provocado éste a su vez por nuestro esperpéntico estilo de vida, que pasa por querer comer, tener techo, desplazarse normalmente y mantener las necesidades básicas garantizadas. Fijaos qué locura, en pleno siglo XXI, con la tecnología que nos asiste, querer vivir bien, con unos mínimos…

Propone esta conspiración, para el caso de los incendios que ya afectan casi a cien mil personas, que no existen intereses por parte del entramado globalista que malgobierna el mundo, y que es casual que las llamas devoren montes y pueblos, o fruto de un descuido, o motivado por un pirómano aislado… Esta conspiración obvia que previamente ha existido una venta ideológica del asunto, ofreciendo como ecologista lo que es mero abandono del campo en manos de psicópatas que desean terminar con todo. Y obvia también que esos mismos psicópatas son los jefes de los políticos y que éstos, aunque escenifican enfrentarse en facciones distintas, pertenecen en realidad a la misma empresa, obedecen todos al mismo amo.

Esta mirada delirante hacia lo que está ocurriendo, en fin, se muestra ciega ante la acción orquestada institucional y apoya el argumento del calentamiento global, cambio climático o emergencia climática, fenómeno fantástico contrario a toda evidencia y al que van variando el nombre conforme se gasta, como ocurre en todas las campañas propagandísticas.

Este mirar prefabricado y conspiranoico pasa por alto, finalmente, que los sádicos al mando también poseen una motivación encaminada al puro daño, a lastimar porque sí a la población, algo con lo que parecen disfrutar. El mal por el mal. Porque el mal gobierna el mundo, recordemos, a través de la imbecilidad colectiva.

Esta teoría sin pies ni cabeza considera que las instituciones nos cuidan, olvidando que están creadas, ocupadas y manejadas por seres que nos consideran ganado a extinguir. Está bien abastecida de medios de transmisión, con la oficialidad trabajando de modo coordinado para que no cese el vocerío. El único punto débil que tiene es que no se la cree nadie, salvo los abducidos mental y sentimentalmente o los que pertenecen a la propia mafia.

Cada agresión por parte del sistema deja un reguero de afectados: muertos en los trenes, pobres a causa de Hacienda, efectos adversos, sufrientes de la inmigración, personas a las que les han quemado el pueblo… Y cuando algo te afecta directamente, entonces el tertuliano, el ministro, el actor de Greenpeace… dejan de ser escuchados y se revelan como lo que realmente son: empleados del poder, de un poder enemigo de la gente, de ti, de mí. Cada vez hay más damnificados directos, más gente que jamás los volverá a creer y que sabe, ya sin dudas, quiénes son los criminales, tan fáciles de identificar gracias a su pin de colores.


Publicado

en

por

Etiquetas: