Insistirse

La acción crea adicción. Parece un eslogan, aunque no lo pretende. Es a lo que llamamos hábito. Hacer algo de continuo, como costumbre, sea lo que sea, va abriendo un surco cada vez más profundo sobre la tierra de los días. Y ahí es donde arrojamos las semillas de lo que seremos, de lo que queremos ser.

Siempre quise ser el que no soy, canta Víctor Manuel. Tenemos un alma en oferta que nunca vendimos, dice más o menos lo mismo Sabina a su modo. ¿Cómo se llega a ser el que se quiere ser? ¿Eso es posible?

Si algún día me lanzase a emular a Aristóteles y me diera a la tarea de escribir un libro de ética, como el filósofo en su famosa obra a Nicómaco Fernando Savater hizo lo propio con su hijo Amador–, lo más probable es que acabase perdido entre el índice y el primer capítulo. Porque quizá no tuviera nada que decir, nada que proponer, nada que enseñar. Primero, por rubor. Segundo, porq ue considero que el único consejo posible es el ejemplo, algo que se dice sin decir, en silencio. Pero tercero, ahora que caigo, no suena nada mal el título Palabras para Claudia.

En cualquier caso, sería un tratadito breve, puesto que casi todo quedaría dicho tras esa primera frase de esta columna: la acción crea adicción. El hacer de manera continuada nos modela, nos perfila, nos lima aristas, nos descubre algo que palpitaba dentro y pugnaba por salir y ni siquiera nosotros mismos sospechábamos. Sí lo sabe de sobra Billy Wilder, que hace que sus personajes se encuentren más cómodos en una vida fingida que en la suya propia. Lo que han hecho esos personajes es sacar a uno que se encontraba aprisionado en sus interiores y que es quien realmente son. Jack Lemmon travestido en Con faldas y a lo loco no sólo escapa de los gánsteres de Chicago, sino de sí mismo, del otro que era y que en el fondo no quería ser.

La acción. El hacer. El vivir. No acabamos viviendo como somos, sino siendo como vivimos. El dramaturgo y guionista de cine Enric Rufas opina que nadie cambia. Pero no hablamos de cambio, sino de descubrimiento, de atrevimiento, de valentía. No se trata de cambiar, sino de adentrarse en el bloque de piedra, eliminar lo que sobra y dejarse ser en paz. A veces, ese que deseamos da miedo, porque es más responsable, cumplidor, generoso, listo y guapo que nosotros. No es fácil atreverse a esta tarea de cincelado.

¿Cómo se llega a ser el que se quiere ser? Viviendo tal y como se desea. Creando el hábito de todo aquello a lo que aspiramos. El tiempo circular de los calendarios hace el resto. Un día. Y otro. Y otro. Y todos los días. Pasar el arado por el surco. Insistir. Insistirse. Lo he visto en la gente que va al gimnasio. Y en los que andan por el campo. Y en los que escriben. Y en los que torean. Y en los que beben. Y en los que se hartan de azúcar. Y en los que murmuran. Porque ese hábito, ojo, puede ser también pernicioso y conducirnos a donde no nos conviene.

La acción crea adicción. Imprime maneras. Queda registrada en el carácter. Sin volvernos locos, con paciencia, asumiendo que muchos actos serán errados, vamos a ir haciendo, vamos a ir siendo. Y finalmente, lo crucial: es la herramienta que se nos dio para la redención.


Publicado

en

por

Etiquetas: