No es necesario que Yamine Lamal se coloque una cinta en el pelo con la leyenda «Ego Yamal» para que quede claro que el joven jugador que viste la elástica española posee un ego poderoso. No debería extrañarnos, dado su extraordinario modo de jugar, sus circunstancias, su éxito hasta ahora. Y su edad. A unos días de cumplir los diecinueve años, ya ha obtenido más reconocimiento, fama y dinero de lo que mucha gente va a obtener en toda su vida, por esforzada que ésta resulte. Vaya tres peligros, por cierto.
Desconfiad, amigos, de quien diga que no tiene ego. Es como si alguien alardease de carecer de hígado o de sistema nervioso parasimpático. Todos tenemos ego. Somos un yo inserto en un mundo en el que nos batimos el cobre, nos asociamos, nos enamoramos y nos medimos a los demás. Somos seres aislados aprendiendo a convivir. No se puede ser número uno sin ego, por otra parte, sin la capacidad de reafirmarse, sin quererse mínimamente. No existen escritores, toreros o futbolistas de categoría que no posean una buena dosis de autoestima. Bukowski opina que un escritor que no se ve a sí mismo como el mejor de la historia no puede engarzar dos líneas decentes. Quizá la cosa no llegue a tanto, pero desde luego que el ego es inevitable y necesario. Tan necesario como es domarlo, mantenerlo a raya, embridarlo, gobernarlo, o, simplemente, alcanzar un acuerdo con él para que no desbarre, para que no nos haga caer en el delirio de pensar que podemos prescindir de la convivencia.
Y ahí está España en el Mundial, buscándose a sí misma, con ciertos mimbres interesantes pero que no garantizan el éxito en el juego y en los resultados, ya que sus puntos débiles serán puestos a prueba si sigue avanzando en las eliminatorias y llega a medirse con equipos de altura, con Francia a la cabeza, muy por encima del resto, la correosa Marruecos, la impredecible Brasil, la alocada Inglaterra, la esperanzadora Colombia o Argentina, sostenida por Messi y mimada por las instituciones.
Austria es un equipo menor, con una trabajada organización tanto en defensa como en ataque, ante quien España estuvo cómoda, con espacios, haciendo valer varias de sus virtudes: la evidente superioridad de Lamal, la extraña eficacia en la punta de Oyarzábal, la presencia continua de laterales con el talento medido pero muy incisivos –son como puñales que se lanzan al rival, diría Valdano– o la fantasmagórica presencia de Olmo entre líneas, tan difícil de detectar. Queda por ver si Pedri supera la incomodidad que lo envuelve –en la segunda parte de ayer se zafó en gran medida de ella– o si la recuperación y la entidad de Rodri van a dar de sí lo necesario. Los puntos débiles siguen y seguirán ahí: las dudas que generan Laporte en el centro de la zaga o Unai Simón bajo palos, pese a su récord de imbatibilidad, fruto de la labor de todos, como es lógico. Y algo que hasta ahora no ha sido decisivo pero que lo será: hay que materializar las ocasiones, porque no siempre se dispondrá de diez para cada gol. Es a lo que Simeone llama contundencia, refiriéndose a la puntería y la eficacia.
Y un factor clave: De la Fuente, el encargado de obrar la alquimia del grupo, que surtirá efecto si da con la tecla de la motivación de todos sus pupilos –tienen mucho que decir, por ejemplo, los centrocampistas que aún no se han prodigado–. ¿Posee De la Fuente capacidad para tomar decisiones ágiles o se enrocará en sí mismo ante una urgencia? Me parece una duda jugosa. Pero, sobre todo, el seleccionador ha de ser el custodio de la armonía del equipo, y eso pasa por lograr integrar ese ego desmedido y tan prometedor de Yamal dentro del funcionamiento de la maquinaria común. España ha ido a más –a menos era imposible, no nos engañemos–. Y además es bastante probable, como ya se ha visto, que necesite uno o dos goles más de los precisos, pues los árbitros siempre estarán predispuestos a pitarle de forma sospechosa en jugadas esenciales, como la del gol anulado ayer o las faltas clamorosas que se pasaron por alto.
El ego y el conjunto, la convivencia como asignatura. ¿Dará para enfrentarse a la todopoderosa Francia, insisto, o a la Argentina con viento a favor, o a la FIFA, siempre deseosa de que los organizadores no sean eliminados, tal y como ocurrió en Corea en 2002 y padecieron Italia y España en especial?
De entrada, habrá que ver qué punto de madurez se ha alcanzado frente a Portugal, en octavos. Portugal en octavos, como en 2010… Veremos qué dicen los astros. Y los egos.