Endecasílabo

Por qué no emplear endecasílabos. Frases de once golpes que golpeen, ramos de once sones hermanados, series que se parezcan a un regalo.

Por qué no escribir esta columna disfrazando la prosa de soneto. Será algo oculto a la vista que tan sólo distinga el oído. Será un soniquete diseñado para dar al lector solaz y agrado. Daremos así cuenta de que es cuento concebir los géneros literarios como mundos ajenos, apartados.

Dejar que las palabras se compongan bailando el viejo vals de los poemas; las tildes aguardando sus lugares, la fuerza incontestable del acento, la oración soñando con ser verso. Asonancias que impregnan el escrito diciendo lo que guardan los silencios, abriendo las tapas del alfabeto. Música, credo del abecedario.

Es posible hablar de otro modo. Es factible un grito tan callado que sólo llegue a locos y sordos. Un párrafo que crea ser cuarteto. Un terceto canalla que aspire a ser libre de los encadenados. Un insulto disuelto en un beso. Diarios bien escritos, un escándalo. Un abril que se extienda otra página. Un genio de la botella cansado. Un viejo que reinvente su pasado. Un ladrido contra la voz del amo.

Sostener los afanes y los cielos sobre una columna de intenciones. Defender los ritos de la mañana de las prisas de presos de la nada. Cultivar cierta paz, cierta esperanza, que florezca entre líneas blancas. Asumir cuánta razón tiene Lorca cuando viene, de vuelta de su caza, y muestra, prendido en la solapa, un adjetivo que es una llama.

Batirse en duelo contra los molinos sin importar que sean concejales. Decirle al viento la verdad desnuda para que se la lleve en su grupa, para que la soporte el que pueda. Pasar la tarde hablando de un mundo del que sólo nos quedan cuatro fotos. Un mundo que se ha vuelto imaginario y, por tanto, quién sabe, venidero.

Por qué no emplear endecasílabos. ¿Es que creíste todas las mentiras que venían en los libros de texto? ¿O es que acaso prestaste atención al sacerdote del telediario?

Por qué no vivirse endecasílabo, por qué no actuar como un soneto en medio de la prosa desalmada con la que pretenden desmadejarnos.

Abrid de par en par todos los libros. Que se desaten tormentas de siglos. Que vuelva del pasado el futuro. Que tenga el aire canas que soltarnos. Que nos defiendan griegos y troyanos. Que libere Homero a sus huestes. Que venga sobre nosotros el reino de gentes que no quieran que los reinen.

Reíd hasta desencajar el gesto. Morded la carne hasta que no duela. Sabed que existe una eternidad que habita un mundo de suspiros. Abandonad todas las anchas vías que se dirigen hacia el destierro de uno mismo. Y proclamad la paz del que se sabe en guerra por dentro.

La columna hecha endecasílaba. La jornada dispuesta como un juego. Cuántas horas preñadas de minutos. Cuántos deseos buscando su tiempo. Si la columna mutó a soneto, cómo no intentar sernos tan libres como son los gatos y son los fuegos, como son los salvajes y los sueños.


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