Que esté todo repasado y bien repasado. Que Titivillus, el duende de las erratas, no haya hecho de las suyas en exceso. Que el lector, cuando tome el libro en sus manos, sienta el mimo puesto en los detalles. Que la portada resulte bella, con su evocación a los papeles antiguos y a los artilugios ideados por Leonardo. Que al abrirlo den ganas de olerlo, para impregnarse de las labores de las tintas sobre el papel. Que la maquetación transmita armonía. Que la ordenación por capítulos dé cuenta del sentido que rige sobre las cien columnas. Y, finalmente, que la lectura resulte agradable, gozosa, y si puede ser, que deje algo en el alma y en el corazón de quien lo lee.
Nautilus ya se encuentra en el puerto, con la tripulación lista para ejecutar las indicaciones de Nemo, el capitán, que no desea otra cosa que zarpar hacia los siete mares de la lectura en compañía de todos aquellos que tengan a bien enrolarse.
Century 751 BT es el tipo de letra elegida, después de varias probaturas. Es un tipo clásico, que remite a los libros de siempre, aquellos que nos han visto crecer y salir al mundo. No he querido saturar ni apelmazar el texto. No habría sido elegante. Que respire. Que no atosigue. Que ayude a la vista. La forma y el fondo han de ir de la mano. Y esa letra está en consonancia, creo, con el estilo, con la cadencia de la prosa que canta en sus páginas.
Nautilus selecciona, como ya sabéis, cien de las columnas que a diario lanzo a las redes para gritar la literatura. Se dispone en catorce capítulos, que van desde El bufón, que se ríe en la cara del poder, a Los días circulares, una travesía por los doce meses del año, donde palpitan los latidos del calendario. Existe una Anatomía poética, un Bestiario, un Látigo lacerante. Hay denuncia, poesía, reflexión. Hay columnismo. Y he procurado que el tomo contenga ritmo, para lo cual, efectivamente, he acabado escribiendo algún inédito que mantuviese la singladura marcada por Nemo con su sabio criterio.
Después de varios meses afanado en la tarea –es un libro hecho en movimiento, de un lado a otro, y algo de eso transmite– el casco de la nave reluce ilusionado y observa el almanaque con la vista puesta en la fecha elegida, que es la del 27 de agosto. Ese día, esperando que los astros se muestren propicios, que los vientos resulten favorables y que la travesía comience feliz, Nautilus zarpa, disponible desde entonces para todos los lectores a través de la tienda de Amazon.
Desconozco qué será de esta embarcación una vez que se enfrente a los vaivenes, los reflujos y los tifones de los cambiantes tiempos que habitamos. Pero si un solo lector se siente acompañado, transido por una idea o una emoción, si un solo lector sonríe cómplice, la labor habrá cobrado sentido.
¡Al mar, que es un laberinto, al mar! Suerte, Nautilus, hijo mío.