Se pueblan los centros de las ciudades en apoyo a la invadida Ceuta, coincidiendo con el día de la ciudad autónoma. En estas concentraciones no sólo se recuerda este hecho, sino que ha calado el mensaje del 102, en referencia al artículo de la Constitución en virtud del cual pide Abascal que a Pedro Sánchez se le procese por traición.
En la tertulia de anoche –algunos contertulios venían de la manifestación y otros, de su casa– yo no di abasto a preguntar tanto como quise. ¿Se pide cárcel para Sánchez porque se entiende que estuvo al tanto de la invasión? ¿Cómo va a ser él el único en estarlo? ¿No pertenece a un grupo organizado en el que, aunque él diese las órdenes, muchos participan de las mismas acciones? ¿La invasión en Ceuta en qué difiere en esencia de la invasión a la que está siendo sometida Europa desde hace al menos veinte años? ¿Quién está fomentando esa invasión a cargo de los impuestos de los europeos y con qué fines? ¿Hasta dónde está penetrada la política española y europea por Marruecos, ese país creado a mediados del siglo XX para custodiar los intereses anglosionistas en el estrecho de Gibraltar?
¿Dónde están el Ejército español y su cabeza visible? ¿Es entendible que esta invasión se esté produciendo sin la acción y la omisión al unísono de las instituciones españolas y europeas? ¿No es también la sustitución del campo español por el marroquí una invasión perpetrada del mismo modo y por los mismos actores? Aun en el caso de que Sánchez fuese el único culpable –hagamos ciencia ficción–, ¿cómo es posible que no existan mecanismos de control sobre él? ¿No estábamos en democracia, que se supone que es un sistema en el que el pueblo controla al gobernante? ¿Dónde están esos controles? ¿Cuáles son? ¿Ir a una urna cada cuatro años?
Amigo, ¿nos puede traer otra ronda, por favor? Si se demostrase que la clase política al completo está en el ajo, ¿habrá prisiones suficientes? Si lo que está ocurriendo en Ceuta no es una anomalía sino la consecuencia de un sistema putrefacto en su origen con dominio sobre todas las redes políticas, judiciales, militares, farmacéuticas, mediáticas, ¿cómo cabe esperar que ningún culpable acabe en la cárcel? En el caso de que todo esto sea un teatro para distraernos y seguir empobreciéndonos y esclavizándonos, ¿cuánto durará el marasmo del personal?
La tertulia, en fin, acabó relajándose al segundo vino y se entretuvo en comentar una película de Berlanga: Todos a la cárcel. «Pero todos», se escuchó desde otra mesa, no sé si participando en nuestra conversación o no.