Obvio

Hace ya mucho que traspasamos la línea sobre la que avisó Chesterton cuando anticipó que llegaría un momento en el que lo obvio, lo evidente, resultaría escandaloso y sería motivo de discordia. Pero el césped es verde y dos y dos son cuatro. ¿Por qué entonces lo obvio se silencia, se oculta, se calla? Porque va contra el discurso oficial, y es tan intensa la podredumbre mental alcanzada a fuerza de recibir propaganda emitida por quienes mandan, que, en efecto, hemos caído en ese estado en el que lo que está a la vista de todos es ignorado.

Con lo de la vivienda tenemos un buen ejemplo. Es un tema de moda, escogido por los actores del sistema para iniciar su campaña de propaganda electoral y movilizar a unos y otros de cara a que regresen a comulgar con sus urnas. Sin embargo, no es un tema nuevo: la vivienda, hasta donde recordamos, comenzó una escalada de precio en los noventa que ha culminado en este marasmo en el que resulta inasumible, no ya comprar, sino hasta alquilar. Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? ¿Es que no es obvio?

Es tiempo de recordar que los ayuntamientos se forraron durante los años del ladrillo con la recalificación de terrenos. Y que los bancos hacen su parte, cobrando unos intereses canallas que avergonzarían a don Vito Corleone, incapaz de tal grado de latrocinio. Y que una buena parte de lo que se paga se pierde en impuestos, que es el robo protagonizado por el Estado, ese caco que mete mano a todo. En fin, que hay que admitir que mucha gente come de la indecencia del precio de una vivienda, y ya sabemos: quién va a acabar con un chanchullo con el que tantos se lucran.

Lo anterior lleva décadas siendo así, sin que nadie haya respondido por todo ello. Y a eso hay que sumarle que el sistema ha introducido en España a más de diez millones de personas, quizá más: el mismo sistema que ahora clama contra sí mismo, simulando que hay bandos y que además le importa mucho lo que te pase a ti. La inmigración provocada por los amos de todo esto –recordemos que para contar con masas de menesterosos lo primero siempre es destrozar el país de origen– ha sido la gota que ha colmado el vaso. Esto es obvio. Lo mismo que es obvio que este factor inmigratorio –no migratorio: no son pájaros– ha sido la causa del colapso de servicios sociales, sanitarios y de transportes, y que ha presionado a la baja los salarios y al alza el gasto en los presupuestos que salen de los impuestos que nos roban. Pero es que precisamente para eso traen los esclavistas a los esclavos: para que compitan con los esclavos de aquí y que ninguno de ellos salga de la esclavitud.

Todo es tan obvio que aburre. Cansa. Si no fueran tan dañinos, nos darían lástima, intentando distraernos con sus razones irracionales, con sus mentiras, con sus gritos, con sus insultos.

Es tiempo de retiro, decía la columna de ayer. Pues quizá sí. Es tiempo de dirigir la proa de este teclado a otros nortes. Volverá el Nautilus quizá los domingos, o cualquier día suelto.

Y recordad: quien obedece a criminales se convierte en criminal. Y gobierna el mal, mediante la imbecilidad colectiva y la miseria moral. Y el hermoso otoño reclama nuestra plena atención, con todas esas hojas caídas por leer. Y por escribir.


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