Amnesia

No se debe a la casualidad que Orwell disfrute de más vigencia cada día que pasa. Una vez que asumes que las instituciones han sido creadas contra nosotros y que los altos poderes manejan a las masas concibiéndolas como un rebaño descerebrado, todo cuadra. Por ejemplo, en lo del clima.

Llevamos varios años asistiendo a lluvias continuadas, a inviernos duros y prolongados y a veranos que, con las lógicas semanas de calor que es de esperar de ellos, resultan llevaderos. Cuando te crías en Córdoba, nadie te tose hablando de calor. No obstante, desde las agencias de propaganda climática insisten en la matraca del calentamiento global, o como le llamen ahora al cuento, ejecutando así la orden que tienen de convencernos de que el mundo se ha vuelto loco y que esto se debe a nuestro modo de vida. Es más: que se debe a nuestra propia existencia.

No es cierto, pero en su mentira –sólo se manejan en la mentira; la verdad no la trabajan– se parte de la premisa de que el ser humano es un mal a erradicar, de que somos dañinos, de que la naturaleza estaría mejor sin nosotros. La finalidad de este delirio no es otro que el de inculcarnos la culpa, de cara a que posteriormente nos mostremos más dóciles. Un animal culposo obedece más y mejor. El concepto de pecado original –eres culpable de nacer– se ha sustituido por el de huella de carbono, un invento de laboratorio sobre el que edificar un sistema que conduzca a la esclavitud.

En ese sentido, a través de los medios tradicionales se ha deslizado esta semana la supuesta noticia de que un grupo de expertos ha alumbrado la idea de amnesia climática. Es decir: tú percibes con claridad que hace un frío del copón, que llueve, que el invierno sigue siendo invierno y que los ciclos del tiempo dependen de factores que a todas luces nos exceden, pero lo que ocurre es que padeces amnesia climática, que no te acuerdas bien de nada. Y es que lo que percibes no se ajusta a los datos que ellos se han inventado. Porque todo es invención. Ni existen grupos de expertos, ni estudios ni nada que se le parezca. En todo caso, lo que hay es un grupo de canallas que ponen a trabajar a gente contratada para que dé apariencia de ciencia –de algo incontestable, según sus credos– a las mentiras que justifican sus crímenes.

Pero no tenemos amnesia. Si padeciésemos ese olvido al que Borges tanto alaba, no recordaríamos que hace frío, que estamos gobernados mundialmente por una mafia reducida y perniciosa que cuenta con todos los medios de producción, control y fuerza y que, aún así, no se sabe muy bien por qué necesita que tú aceptes de buen grado el sometimiento. «Venceréis pero no convenceréis», dice Unamuno. Y éstos, que no sabemos si están venciendo o cayendo, desde luego cada vez convencen a menos gente de su atolondrado relato. Claro que recordamos que antes del euro todo era más barato, como recordamos que hubo otra sanidad, otra educación, otra sociedad distinta a esta parodia de corral en que han convertido esta parte del mundo. No padecemos amnesia, carceleros: recordamos vuestros rostros, como recordaremos siempre la falsedad y la chulesca torpeza con la que os manejasteis en 2020 para hacer que el ganado después pusiese el brazo, o el modo en el que lo robado mediante impuestos lo estáis empleando en destrozar lo que queda de convivencia y la manera en la que incesantemente nos movéis al odio, a que nos odiemos entre nosotros para no fijarnos en vosotros.

No, hace frío y sois la causa de casi todos los males que padecemos. ¿Veis qué buena memoria tenemos? Con ese porcentaje decreciente de personas que siguen comprando vuestro discurso criminal hay poco que hacer. Los llevaréis al matadero, a la guerra, a la farmacia, a donde queráis. Pero con el resto, un resto que crece día a día y que es mayor de lo que parece porque mucha gente simplemente se calla por miedo, ¿qué vais a hacer, más allá de emplear la pura violencia?

Las farolas ociosas van pidiendo ocupación, mientras vosotros insistís en continuar fomentando la pobreza, la inmovilidad –por qué carajo nos querrán quietos en un barrio, convirtiendo la ganadería en gallinero– y la desmemoria. Nosotros insistiremos en la palabra, en la razón, en la respuesta tranquila y digna del que tiene recuerdos, no amnesia. Hace frío, criminales, y pensamos seguir comiendo carne, desatendiendo a vuestras urnas, intentando que nos robéis lo menos posible, buscando alternativas a vuestra psicopatía, apagando vuestros graznidos e identificando cada una de vuestras canalladas. No os olvidéis.


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