2026

Parece un cuaderno en blanco el año nuevo, con unas pastas a las que aún no nos hemos acostumbrado y lleno de hojas por rellenar. Da cosa empezar a escribirlo, como si la primera de las palabras que fuésemos a imprimir en el folio tuviese una importancia capital y temiésemos equivocarnos. Pero no es así, en realidad. El día de hoy se presenta tan importante como el de ayer y tanto como lo será el de mañana. No sabemos cuándo nos asaltará el año recién estrenado con una alegría, una desgracia o una sorpresa que dote de sentido al esfuerzo que supone levantarse a diario.

Es tiempo de propósitos. Dejar de fumar, hacer ejercicio, comer mejor, dormir a pierna suelta, ver películas en inglés sin subtítulos, dibujar, seguir escuchando crecer a la niña, escribir no sé cuántas obras más… Desconocemos cuántas botellas de vino descorcharemos y en compañía de quién. Desconocemos de quién nos despediremos definitivamente. Desconocemos qué nuevas personas llegarán a nuestras vidas, puede que para quedarse.

«¿No sientes nostalgia?», me preguntó la otra tarde mi padre. No sé si supe explicarle con precisión que cada vez soy menos nostálgico, que quizá lo era más cuando tenía veinte o veinticinco años. Que no añoro la infancia, ni la adolescencia, ni la juventud. ¿Para qué? Están vividas. Están hechas. Están escritas. Y juzgo que bien vividas, bien hechas, bien escritas. Si acaso, distinto es, echo de menos el tiempo disponible, el tiempo que se fue para no volver. Pero lo que añoro no es a la pandilla de juegos de la niñez, ni las idas furtivas al río y los campos, ni las primeras salidas quinceañeras, o los primeros amores, o las amistades inaugurales. Mucha de la gente con la que compartí mis vidas anteriores ya no forman parte de mi día a día, y habrá que entender que con justicia, tanto por su parte como por la mía. Quien quedó en el pasado, encontró su sitio. Quien sigue acompañándonos en el vagón camino a las estaciones futuras, está donde debe estar. A la par o por contra, nuevas gentes se van incorporando a nuestros calendarios. De entonces, sí quedan Agatha Christie, y Astérix, y Tintín, y Stevenson, y Ulises. Otros muchos van y vienen. Te reencuentras con alguien con quien llevabas años sin hablar y a los cinco minutos has retomado la conversación por donde la habíais dejado. Eso es señal de que nunca os separasteis.

No experimento prisa ni especial agobio por mantener al pasado vivo. No, padre, no siento nostalgia. Tú añoras los años cincuenta y sesenta, pero lo que en realidad estás echando de menos es tu tiempo. Pero sí te digo: no conviene perder el hoy cantándole a un pasado que tuvo sus cosas buenas y malas. «Yo ya no tengo futuro, sólo presente», he escuchado a decir a gente de larga edad y buena cabeza: Fernán Gómez, Borges, Ayala, Sampedro

No creo que 2026 acabe siendo muy distinto a 2025 ni a 1825. Vendrá con su cuchillo de doble filo, dando vida y matando, a la vez. Haciendo reír y llorar. Metiendo prisa e incitando al olvido. Yo sólo espero de él un trozo de sendero más, con sus caminatas al amanecer, sus ciclos perfectos, sus olores a primavera, su noticias desoídas, sus besos y sus versos.

Cada vez más mañanero y menos trasnochador, siento una vigencia creciente en los consejos del maestro Battiato –en mi caso, lo llamo así en sentido escricto–, que encontró en el estudio un porqué, un sentido, un modo de ocuparse hasta el final. Se levantaba a las tres de la mañana para desentrañar los secretos del agua y de sus compuestos. Yo me levanto para escribir, para estar escrito antes de que la jornada me reclame con sus obligaciones. Lo mismo es.

Mi medio siglo se confiesa, tituló Ruano al libro de memorias que escribió al cumplir cincuenta. Y yo, que en este 2026 estoy encaminado a esa cifra, a ver si llego, creo que es buen año para hacer algo similar, igual que lo es para practicar la paz, la ausencia de prisa, el silencio, el respeto al cuerpo, el cuidado de la palabra, la sonrisa, la amabilidad, el marcharse de donde uno sobra o no es querido, el dandismo que reside en una vida austera y normal. Feliz año.


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