Desde los puestos de más exposición mediática de la UE han salido al paso para desmentir que Europa esté en decadencia. De entrada, hemos de insistir en lo obvio, que es el hecho de que una cosa es Europa, un continente que va desde los Urales hasta San Vicente, desde los confines nórdicos hasta el Bósforo, y otra muy distinta es la UE, una institución que se ha vendido como de mercaderes pero que, en realidad, es la forma de dominación creada por los dueños para que los países inscritos en tal club obedezcan a intereses contrarios a los de sus propias poblaciones. Esto, nacido en el mundo que surgió tras la Segunda Guerra Mundial, hizo que el continente europeo funcionase de facto como un protectorado o colonia norteamericana, con sus bases militares, sus políticas tuteladas y, en el colmo, con el euro como instrumento de empobrecimiento masivo.
¿Europa no está en decadencia? Europa está soportando las consecuencias de la acción de la UE. El wokismo imperante en esa organización ha devastado la agricultura, el comercio, la industria, las finanzas y a las familias europeas. Nadie ha elegido a esos burócratas. Ni a Von der Leyen ni a los otros, puesto que ya sabéis que en esta columna se parte de la premisa de que nadie considera el contenido de las urnas, pura escenificación para que la gente se piense libre y para que, además, asuma como propios los crímenes de los dirigentes.
Cada hora que pasa se agranda distancia existente entre la calle y los que mandan. Esto es especialmente patente en el territorio de la UE, una tierra enferma que ve cómo el barco se dirige hacia los escollos con el firme propósito de estrellarse. No hay más que dos opciones: o quienes deciden deliran o, como más bien pensamos, se trata de gente sin escrúpulos que obedece órdenes contraproducentes y nocivas para todos nosotros.
Después del brexit se insinúan diversas salidas, pero la única posible es que Europa al completo salga urgentemente de la UE, abandonando la actitud servil hacia una burocracia parásita que no emprende acción alguna que no se encamine a ahondar en la ruina, en la carcoma moral, social y general, con todas sus ramificaciones en forma de síntomas.
Por ejemplo, al servicio de los grandes poderes, están empeñados en ir a la guerra, con el único fin de prestar un servicio a la industria armamentística, que se ve que les paga bien.
En el caso español, el mal es doblemente grave, con un sistema local, el setentayochismo, que se bastaría por sí mismo para conducirnos a la indigencia, como se ha evidenciado en los últimos tiempos.
De vez en cuando sacan el fantasma de Putin, como si ese señor, del que lo desconocemos todo, pudiese albergar deseo alguno hacia esta parte del mundo, situada al oeste de su mapa. Suponemos que lo único que puede sentir Putin por la UE es asco, dada la decadencia de valores imperante, aparte de la torpeza con la que se manejan los cargos –que no es torpeza, sino obediencia sin remordimientos por el mal causado–. Y, en todo caso, podría experimentar lástima por una población condenada a sufrir a tales mandarines.
¿Europa en decadencia? La UE exprime su maquinaria, operando contra la población, con sus maneras liberticidas y despiadadas. La UEnfermedad se encuentra muy avanzada, terminal casi. Y sin paliativos. Por lo menos este año no darán la turra con Eurovisión. Aunque qué más da, si no vemos nada de eso. Cuando lleguen los robots, dice Sheldon Cooper, quiero que sepan que estuve de su parte desde el principio. Pues eso.