Sabemos

No creo que sea cierto, como se escucha por ahí, que estemos peor que nunca. En todo caso, estamos tan mal como siempre, sólo que ahora lo sabemos.

En España, la enfermedad que nos aqueja como país no es nueva, sino que fue inoculada, como mínimo, desde mediados de los setenta, y fijada institucionalmente en el denominado Régimen del 78. Todo lo que nos está ocurriendo ahora tiene su origen ahí, sólo que ahora la enfermedad se halla en estado muy avanzado y ya resulta inocultable lo que hasta hace poco aún nos discutían para mantenernos en el engaño. A saber: que la clase política al completo es un grupo de actores que se limita a obedecer las órdenes de poderes mayores, ocultos o discretos, a los que nosotros no tenemos acceso. Esas órdenes dadas buscan empobrecernos, enfrentarnos, dividir el país, entregarlo a grandes corporaciones de fuera, desarticular la industria, la ganadería, la pesca, el comercio y, para dar la puntilla, introducir a diez millones o más de personas de fuera a las que se sostiene con el dinero robado de los impuestos. Todo esto se encuentra ya en la Constitución del 78, que no constituye nada más que la rapiña del ciudadano por parte del sistema.

Sabemos, ahora sabemos. Y existe mucha diferencia entre saber o seguir diciendo tontadas de izquierdas, derechas y demás. Sabemos que la UE no es más que otro invento parecido al de la España de las Autonomías, otro artefacto ideado por la política profunda estadounidense para que los europeos queden arrasados, con el euro como arma de destrucción masiva. Sabemos que todas sus guerras son provocadas por ellos mismos. Sabemos que en Ceuta las instituciones españolas no es que estén fallando, sino que pertenecen a la misma banda que ha organizado la invasión conforme a planes diseñados fuera. Sabemos que la policía está cargando contra los ceutíes que claman contra la invasión, y no contra los invasores. Sabemos que las oenegés, Cruces Rojas y demás parafernalia también se encuentran integradas en ese tejido contrario a la población. Sabemos que a Pedro Sánchez no lo han puesto ahí las urnas, como no han puesto nunca a ninguno, pues el teatro de las supuestas elecciones no tiene más objetivo que el de hacer creer a la masa que pinta algo: nadie cuenta los votos. Sabemos que España, Europa, el mundo entero si nos ponemos, se halla en manos de un grupúsculo que maneja los hilos. Sabemos que los impuestos no son para redistribuir la riqueza, sino para mantener al rebaño al borde de la indigencia, que así obedece mejor. Sabemos que el mal gobierna el mundo mediante la imbecilidad colectiva.

Y sabemos, en fin, que saber nos da una ventaja: la de no concederle más crédito al discurso oficial, lo cual predispone a la desobediencia de órdenes canallas. Parece poco, pero es mucho. ¿Será suficiente? Será suficiente si, en efecto, no somos pocos, sino los primeros.

La lucha de nuestro tiempo es entre quienes aceptan la esclavitud y quienes la detestamos. El mal de la esclavitud. La esclavitud del mal.


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