Pasen y vean

Pasen y vean. ¡Pasen y vean, señoras y señores! ¡Niños y adultos! ¡Atletas y atletos! Con todos ustedes, ¡el mayor espectáculo del mundo!

Por el módico precio de la entrada, disfrutarán de toda nuestra compañía en acción. ¡Los mejores acróbatas de la razón! ¡Domadores de masas! ¡Payasos con cargo institucional! ¡Malabaristas de la moral! ¡Magos del crimen!

Pasen y vean, señoras y señores. El mayor espectáculo del mundo se desarrolla debajo de estas carpas. En la pista número cuatro, desfilarán nuestros actores con plásticos por encima y bozales en la boca, simulando que están protegiéndose de un virus mortal y malísimo, capaz de desconectarles el wifi de casa. Saldrán con el EPI y con el BLAS. Aunque alguno de ellos, cansado de tanta tontada, puede que se quite los plásticos antes de tiempo.

En la pista número tres, el director de la OMS, que aún no está en busca y captura, se dejará fotografiar junto a la ministra, médico, madre, persona que hace la digestión y respira, todo eso a la vez, para que ustedes puedan hacer después los memes que deseen.

¡Pasen y vean a los mejores creadores de plandemias del mundo! Equilibristas de las palabras. Zancudos que se elevan sobre la verdad para que ésta no fastidie el relato. Monos adiestrados para leer noticias. Faquires que se comen su dignidad a cambio de pasar por buenos ciudadanos y no ser señalados. Mimos que obedecen procotolos asesinos sin abrir la boca.

A mitad de función, le invitaremos a que proponga el nombre inventado del siguiente virus. Coronavirus ya no vende. Hantavirus se ha gastado enseguida. ¡No tenga reparos! ¡Imagine, sueñe! Tontovirus. Subnormvirus. Carajovirus. Viniciusvirus. IndianaJonesvirus. ¡Sea creativo! Si su nombre es escogido por los medios de comunicación en la siguiente campaña de miedo para incentivar la vacunación y el control social y para distraer de la corrupción de los políticos, ¡recibirá usted un cargo con despacho y sueldazo sin hacer nada!

Pasen y vean, señoras y señores, niñas y niñes, chicas, chicos y chicles. En la pista número dos, las más espantosas fieras. Verán a un director general de Sanidad Pública rugiendo insultos. A una ministra de Sanidad incitando a correr con la boca tapada, chavalote. A un presidente lavándose las manos de forma patriótica, sí, las mismas manos que prestidigitan papeletas electorales y dinerales. Y a un borrego aterrorizado pidiendo que lo lleven al matadero por su bien.

Pasen y vean. En la pista central, los lanzadores de vacunas. La mayor de las punterías. La menor de las responsabilidades. Colocaremos a los más incautos en medio de la pista y, a distancia y con los ojos cerrados, el lanzador, con una careta de Bill Gates, acertará a inyectarles las sustancias. Sin que sepas qué te inyectan, con contratos entre las vacuneras y los gobiernos que aseguran el silencio y la impunidad durante ochenta años.

¡Pasen y vean! ¡Aplaudan a las ocho! Háganse nuestro test PCR, que les dice en el instante si ustedes son levemente idiotas o gilipollas integrales. Odien a su vecino por no compartir su demencia. Déjense llevar a la piedra del sacrificio. Informativos que no hablan de otra cosa. Policías coaccionando. Cajeras de supermercado que se creen Gandalf en el puente de Khazad-dûm. ¡Pasen y vean, el circo plandémico, el mayor espectáculo del mundo! Por el módico precio de su libertad. Por el módico precio de su vida.


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