Estimado e ilustre señor Blair, alias George Orwell: Le comunicamos que ya hemos tenido el placer de leer el manuscrito de la novela que nos remitió, titulada 1984, y que, sin entrar en la valía literaria del texto, lamentablemente hemos de decirle que el consejo editorial ha desestimado la publicación de su obra, lo cual no significa que la menospreciemos ni que pensemos que no pueda encajar en los catálogos de otros sellos. Le animamos, por tanto, a que insista, a que no tome esta negativa como un no categórico a su escrito.
Sin embargo, eximio escritor, sí creemos conveniente trasladarle las razones por las que tomamos esta decisión, asumiendo que podemos estar equivocados. Se ha concluido, literalmente, que “1984 supone un buen acercamiento a la descripción del mundo actual, el de 2026, pero que se queda muy lejos a la hora de reflejar hasta dónde llega el espanto al que está siendo sometida la población”.
Se citan en el informe final varios grandes aciertos de su propuesta, como esa figura del Gran Hermano que todo lo vigila, conminando a la obediencia ciega a la masa, propiciando que se sienta vigilada de continuo, incluso en las facetas más íntimas de su vida.
El uso de la manipulación del lenguaje para deformar la sensibilidad y el juicio de los individuos también ha supuesto un logro, a pesar de que en su texto no se alcance –así lo consideramos– la intensidad y la desfachatez con las que esa herramienta está siendo empleada por parte de los altos poderes. 1984 sí logra ilustrar la alteración de la realidad llevada a cabo mediante los cauces oficiales, así como el modo en que se miente a la hora de referirse a los hechos del pasado, modelando una historia cambiante que cuenta lo ocurrido según le conviene en cada momento al sistema. En eso, nada que reprocharle.
Tampoco yerra usted, consideramos, cuando expone a la guerra como una herramienta de los de arriba contra los de abajo, quedando estos últimos enfrentados entre sí e incapacitados para hacer frente a sus verdaderos contrarios, a los que ni siquiera conocen. A los que ni siquiera intuyen.
Sin embargo, como le decíamos al principio, carece su novela de la magnitud del horror alcanzado. ¿Dónde está el patrocinio de la muerte como algo deseable para incitar al ganado sobrante a aceptar su eliminación como algo dulce que agradecer? ¿Dónde están los sacrificios rituales, la maquinaria industrial de la destrucción de las almas y los cuerpos? ¿Dónde los sanadores que cercenan vidas? ¿Dónde las ceremonias de burla que acompañan a los cruentos aquelarres y que, mostradas de forma evidente, no son percibidas por los propios degollados? ¿Dónde los envenenamientos masivos, la depauperación aprovechando los recursos obtenidos del propio esfuerzo de los sacrificados o el delirio inculcado para que den por bueno lo pernicioso y por vil lo natural? ¿Dónde están la inversión de valores, el odio, el desamparo, la miseria, el crimen convertido en institución?
Insistimos en los muchos logros que, a nuestro juicio, contiene su 1984. Y, pese a nuestra inicial negativa, consideramos que se halla usted en la buena senda narrativa, de modo que esto es un no que podría llegar a ser un sí. Si usted aceptase adaptar su texto a la crudeza del exterminio actual, si usted afilase los hechos narrados hasta adecuarlos a la realidad de 2026, la casa le brindaría una segunda oportunidad.
Por lo tanto, señor Orwell, le animamos sin ambages: no ceje en sus empeños. Va usted muy bien encaminado. Se nota que comprende que esto es una granja y que los dueños, ebrios de poder y sangre, disfrutan y no escatiman esfuerzos a la hora de sojuzgar al ganado. Estamos seguros de que, en un futuro, nos entenderemos. Reciba mientras tanto los más calurosos saludos de su futura editorial, Ediciones 2030.