La casta sacerdotal se encarga de la educación de la casta gobernante. Se hace esto de un modo integral, desde que nacen los individuos insertos en el programa: los aspirantes a reyes, los sucesores y los familiares. El protocolo posee estudiadas liturgias y echa mano de alucinógenos diversos. El fin del proceso es inculcar miedos y una absoluta capacidad de obediencia en lo más hondo del alma quebrada de aquellos que serán puestos sobre el gobierno de las cosas. En definitiva, lo que se está creando es una panoplia de guiñoles que hará su trabajo vicario: el de tomar decisiones creyendo que son ellos quienes deciden, pese a que sólo obedezcan.
No todos los reyes van coronados. Hoy en día, existen monarcas sin trono, directores de grandes entidades en cada uno de los brazos armados del monstruo del poder: financiero, político, judicial, farmacéutico, cultural, mediático…
Pero el modus operandi es el mismo para todos ellos. Y es el mismo que llevan empleando desde que se tiene memoria. No actuaban de modo distinto en Mesopotamia o Egipto, en la antigua China o en la Francia napoleónica. En cada puesto importante se coloca a un adoctrinado, a alguien que ha pasado por el proceso y que ha quedado, puede que sin ni siquiera saberlo, a las órdenes de los sacerdotes.
Las castas, por lo tanto. Se nace en ellas, fundamentalmente, sin mucha opción a cambios sociales. El que nace se hace. Al que nace lo hacen. Y hay que crear un grupo mínimamente numeroso para cada puesto, ya que siempre puede ocurrir algo inesperado: un monarca o príncipe muere, o traiciona a la causa, o empieza a pensar por sí mismo y desarrolla ideas propias. Entonces, hay que sustituirlo. Se hace con rapidez, con eficacia: un rey muerto, un rey puesto. Y no todos los reyes van coronados, insisto. Hay que pensar en estos métodos para todo aquel que reciba poder, capacidad de ejecución: desde la presidencia de un gobierno hasta la de un banco o una gran corporación sanitaria o de comunicación.
Pero, estarás hablando en pasado… Te refieres al sistema empleado por los sacerdotes para manejar a su antojo a los faraones… En pasado, ¿verdad? ¿Verdad?
No. En presente. Y en futuro, claro está. Y de esos barros, estos lodos. Podemos seguir discutiendo sobre derechas, izquierdas, geoestrategias o demás teatros. El sacerdote seguirá ejerciendo su influjo sobre el gobernante, que prácticamente podemos concebir como un animal adiestrado desde sus más tiernos años. Por eso erramos cuando pensamos que actúan conforme a criterios racionales e incluso humanos: son máquinas, simples máquinas de barbarie para pastorear al ganado.