Parece ser que en Alemania preparan a los varones de dieciocho años para someterlos a un examen médico de cara a escenificar que los van a mandar a la guerra. De momento, miles de personas han salido a la calle a manifestarse contra esta medida. Pero la cosa está ahí, siguiendo los pasos habituales del poder: van probando, a ver con qué nivel de rechazo o de aceptación responde el rebaño, y después tiran de la cuerda hasta donde se les deja. Ocurre en esto, como ocurre en lo económico, lo educativo, lo farmacéutico o lo social. Si no se les opone resistencia firme por parte de al menos un tercio de la población, ellos calientan el agua hasta que hierve la rana.
La ocurrencia de los gobernantes alemanes ha de bastarnos para comprender que cuando esta gente saca una bandera siempre es para distraer. Hablaban de paz, de democracia, de no sé qué cuentos. Todo mentira, evidentemente.
Ahora azuzan el miedo a Putin, que cumple las trazas del malo de manual de estos ideólogos: un tipo terrible al que se le atribuyen cuantos males quepa imaginar y contra el que todo se justifica. La historia reciente cuenta con numerosos predecesores, desde Gadafi a Saddam Hussein o Bin Laden. Claro que todo este catálogo de villanos, como es obvio, lo componen peones que anteriormente sirvieron a los intereses de los mismos grupos de poder que ahora los satanizan.
Los burócratas al mando de la UE llevan tiempo haciendo sonar los tambores de guerra. Una guerra que sólo está en la cabeza de quienes se forran comprando armas y enviando a los hijos de los de siempre al frente. Ellos ni siquiera saben por qué hay que ir al campo de batalla. Simplemente, cumplen las órdenes de sus jefes, y los mismos que ahora claman para crear el conflicto bélico serán los que, una vez muertos millones de jóvenes, hablarán de paz y seguirán enriqueciéndose con la reconstrucción de los territorios arrasados.
¿Contra quién hay que ir a la guerra? ¿Cuál es el verdadero enemigo de la población europea? ¿Quiénes son los responsables del marasmo económico, social, cultural y civilizatorio que asola a los europeos? ¿Quiénes han destruido el tejido industrial, comercial, agrícola y ganadero? ¿Quiénes han empobrecido a millones con el cuento de la Agenda 2030? ¿Quiénes nos están masacrando a impuestos? ¿Quiénes nos están reventando y conduciendo a la pobreza, a la miseria energética, al conflicto permanente? Resulta que no hay que irse a lejanos desiertos ni a perdidas montañas para identificarlos. Porque son los propios responsables de nuestras instituciones: desde el régimen del 78 en España hasta la UE en el caso del conjunto de Europa. ¿Cómo ir a la guerra, entonces, cuando el enemigo está en casa; cuando el enemigo a derrocar es el mismo que te está enviando a morir en combate?
Han pretendido tallar y pesar a los jóvenes alemanes. La única respuesta posible es: medíos vosotros los huevos, asesinos. Y pesáoslos, de paso, que vais bien de cuajo. Sólo vuestra desvergüenza supera vuestra condición criminal. Si existiese la justicia, no quedaría una farola ociosa.