España-Cabo Verde

Desde el 98 no veía a España tan mal. El amigo twittero Carlos se apresura al quite y me apostilla que entonces «acabamos perdiendo Cuba, Puerto Rico y Filipinas».

En el bar se ha vivido la cosa con desolación, desde un sentimiento inicial que invitaba a ir de sobrados, discutiendo acerca de lo abultado que acabaría siendo el tanteo, hasta la estupefacción y el enfado final. Yo, que ya soy poco de hablar y menos de exasperarme, aprovechando el tumulto he podido sentarme en un aparte, discreto, e ir garabateando los comentarios del tipo que tenía delante y que me han ido pareciendo muy acertados. He olido la sangre. Ahí había columna. Me limito a transcribir.

«Es impresionante. Hacía mucho que no veía nada tan malo. Pero qué falta de ilusión, de ideas, de esquema. ¿Qué están haciendo? Qué lentitud. ¿Quién es el encargado de la dirección de todo esto? Qué pesadez a la hora de tomar decisiones. Y qué malas decisiones, por cierto, una detrás de otra. Todo mal. Todo mal y a peor. Si es que hasta por azar a veces se acierta. Parece que lo están haciendo a propósito. No puede ser casualidad que cada decisión empeore la anterior y que el conjunto dé tan poca sensación de estar despierto, de reaccionar, de cambiar el rumbo. Si me recuerda a un animal caído en medio de un pantano, hundiéndose mansamente, aceptando su final como algo inevitable y contra lo que no pudiese enfrentarse. ¿Por qué no hay reacción de ningún tipo? ¿No hay líderes? ¿No hay una vergüenza mínima en ninguno que dé pie a una acción revulsiva? ¿Esto es lo que nos espera a partir de ahora, dejarnos ir, caer en el ridículo, dejar que nos pisoteen y que de nosotros sólo quede el recuerdo de la facilidad con la que nos prestamos a la derrota?».

Sólo al final del partido, cuando la gente le ha dado la espalda a la televisión y a la Selección Española, he comprobado que el tipo de delante no estaba hablando de fútbol. Ha seguido, ahí sigue, soltando verdades como puños, mucho más dolorosas que el empate a cero de un equipo ineficaz, fuera de forma y sin mando ni ideas. Como en el 98. En los dos 98.


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