Despolitizador

No saben los chavales qué hacer, como es lógico, ante el panorama que se les presenta. Estudiar una carrera tiene cada vez menos sentido, a no ser que cuentes con un buen enchufe dentro de la profesión elegida: cinco o seis años perdidos, prolongando además la exposición a un sistema educativo adoctrinador y que, más que formar, deforma. Por otro lado, ¿trabajar para qué? Los sueldos resultan miserables y el Estado roba el fruto de tu esfuerzo mientras te echa pienso en forma de paguita testimonial, desincentivando así el intentar ganarte la vida.

Pero siempre hay vías para sobrevivir. Existe ahora un oficio de futuro, que garantiza buenos ingresos y en el que no parece que vaya a faltar tajo: la de despolitizador. Dice un estudio –así lo dicen ellos, ¿no? Un estudio– que aumentó exponencialmente el número de plagas por políticos en los hogares. Hay comunidades de vecinos infestadas de políticos, reclamando la intervención urgente del despolitizador antes de que los bichos acaben con las casas. Hablé con un despolitizador el otro día, que me explicó en qué consiste su labor.

Lo llama una familia: que se nos han metido políticos en casa, ¿qué hacemos? Y él acude cuanto antes y valora la situación. El político se te mete sin que te des cuenta, y anida. Se reproducen muy rápido, y si no los exterminas cuanto antes pronto te formarán un partido, y aparecerán por ahí todos sus familiares, amigotes, amantes… Cuanto más se tarde en atajar el problema, más difícil se vuelve la limpieza.

El político puede entrar en tu hogar a través de la tele, o porque te lo ha traído una visita que vino a tomar café, o por las tuberías. Lo primero que hace es chupar de tu nómina: quiere tu dinero, y no conoce límite ni tiene hartazgo. Pronto empieza a decirte cómo tienes que vivir, y ataca la libertad, que no soporta. Hay casos, me dice el despolitizador, en los que el político establece en tu casa zonas de bajas emisiones, prohibiéndote pasar por el salón, o por el pasillo, aduciendo que así se lucha contra el cambio climático. Porque el político es experto en inventar problemas que no existen para ofrecer supuestas soluciones que, en realidad, constituyen el verdadero problema.

Este verano se han dado casos de políticos quemando las cocinas de las casas en las que anidan para luego poner placas solares, por las que ellos se llevan una buena mordida. También abren las puertas de tu hogar, por la noche, cuando menos te lo esperas, y dejan entrar a una bandada de gente de fuera a la que ya no podrás echar. Si intentas llamar al cerrajero para proteger lo tuyo y evitar que te roben y te vandalicen o te ocupen tus recursos hasta el agotamiento, el político da una rueda de prensa en tu salón y te llama racista. Por lo visto, se alimentan de tu voto, de tu buena intención y de la imbecilidad.

Cobran mucho los despolitizadores. Pero todo es poco, ya que evitan una catástrofe. Los hogares más prósperos han acabado en la miseria rápidamente, y hasta en guerra civil, cuando han permitido que un nido de políticos se establezca.

Yo hoy voy a mirar en casa concienzudamente, no sea que se me haya metido una alimaña de esas y me traiga la ruina. Me dice el despolitizador que rocíe todas las habitaciones con verdad, conocimiento, valentía y honestidad, que de todo eso huyen como de la peste.

Tened cuidado vosotros también, amigos, que la cosa parece ser seria. Y, bueno, si buscáis una profesión de futuro, ahí está: la de despolitizador.


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