Conocemos la etimología admitida: démos, pueblo, y krátos, poder. Es decir: la democracia vendría a ser un sistema donde el pueblo ejerce el poder. Y también hemos estudiado la historia que nos contaron: el paso de los siglos desde la democracia ateniense –en la que, por cierto, sólo disfrutaban de voto los ciudadanos, apenas un diez por ciento de la población– hasta la forma actual, la universal, un hombre, un voto, con un supuesto camino de conquista que transita desde la Comuna francesa hasta el voto femenino y negro. Bien. Encantados de habernos conocido.
Sin salirnos de tales presupuestos, y centrándonos en el caso español, resulta imposible considerar democracia lo que instaura aquí el Régimen del 78. No existe separación de poderes y, además, la representación política del ciudadano brilla por su ausencia, quedando el cotarro en manos de un sistema de partidos que actúa como la mafia pero sin el como. Se le puede llamar partitocracia o partidocracia, pero mafia se entiende mejor.
He aquí las sombras que se proyectan sobre las paredes de la cueva. Podemos embrollarnos hasta el infinito retorciendo ideas y discutir bizantinamente sobre tales asuntos. El problema es que hemos salido de la cueva, a lo Platón, hemos salido fuera y comprendido que todos esos conceptos no eran más que ficticios. Partiendo del hecho de que el mal gobierna el mundo a través de la imbecilidad colectiva, partiendo de la premisa de que el mundo se halla gobernado por un grupúsculo de psicópatas que nos consideran ganado y que mantienen en nómina a una maraña de miserables como intermediarios, partiendo de que las instituciones no son más que creaciones diseñadas para pastorear a esa masa lanar –según nos conciben–, todo lo anterior se deshace. No es que no exista la separación de poderes: es que no existen poderes, en plural, sino un único poder, en las mismas manos, como un monstruo armado de diferentes brazos: político, financiero, cultural, farmacéutico, militar…
No es que la democracia no funcione o no se esté aplicando: es que fue un invento más para darle al populacho la sensación de que pintaba algo, puesto que hace mucho que descubrieron que un pueblo que se cree libre acepta de mejor grado la esclavitud. No nos respetan ni durmiendo, van a contar los votos… ¿En qué cabeza cabe que unos maleantes que nos desprecian nos pidan opinión y se vean sujetos por ella?
¿Quién, en su sano juicio y a estas alturas, puede considerar que el pueblo controla a los gobernantes? Los medios tecnológicos con los que cuentan se emplean para posibilitar el control de los gobernantes sobre el pueblo, tal y como resulta incontestable desde hace unos años. De hecho, cuando se vean capaces de controlar sin mayor dificultad a las masas, es seguro que darán por amortizado el concepto de democracia, y simplemente ejercerán la tiranía de forma abierta, sin más simulaciones.
No es que la clase política se haya corrompido, sino que fue elegida ya corrupta, pues la corrupción no es más que el pago, el robo, que les permiten los de arriba a sus empleados a cambio de ejecutar los crímenes ordenados desde las altas esferas.
No existe democracia de ningún tipo, salvo sobre esas paredes que reproducen artificios, ilusiones. La realidad, la dura realidad, es que el mal gobierna el mundo a través de la imbecilidad colectiva. El resto, temario de oposiciones, discusiones entre teóricos satisfechos de sí mismos, parloteo de casino, sombras chinescas. Bienvenidos al desierto de lo real, que dirían en Matrix. Toc, toc, Neo, despierta. Levántate y anda.