Me llama Paco, que llevaba varios días sin dar señales de vida pero que se ha olido lo de este sábado de rodríguez. Cómo se orienta este hombre, qué figura. Y no es que lo haga para liarme con planes en la penumbra o incitarme a un fin de semana a lo López Vázquez en una de Mariano Ozores, con suecas de por medio y un garito donde una rubia en minifalda anime al personal cantando 40 grados a la sombra.
Qué va. Paco sabe que estamos ya despuntados y que no damos capotazos más que a los que debemos dinero, como bien dice el Selu. Hombreporfavó. Pero se interesa, curioso como es él, por cómo pienso llenar este día libre, a la espera de la corrida de mañana en Madrid, la de Dolores Aguirre, con Ferrera, Fonseca y Cristian Pérez, que confirma alternativa. Me pide que no le revele mis intenciones de entrada, que intentará adivinar él cuáles son mis planes para este magnífico día que amaneció antes de amanecer, a las cinco de la mañana, satisfecho de horas y ensoñaciones.
«Veo dos opciones principales: o sales o no sales. Si sales, lo harás para pegarte una buena andada, quizá de cuatro o cinco horas, aprovechando que el tiempo acompaña. E irás escuchando a Antonio Mairena y a Pepe Marchena. A lo mejor te vas a la Casa de Campo y la recorres de arriba a abajo, por los senderos menos transitados, quizá llegando a la Venta del Batán, aunque los alumnos de la Escuela sacaron ayer al Cristo de los Toreros y a lo mejor Robleño les ha dado el día libre. Y además, los fines de semana hay mucho dominguero con la bici y tú eres más de perderte por esos pagos cuando no hay casi nadie. Así que creo que te quedarás en casa. ¿Voy bien?».
Vas bien, Paco. Como siempre.
«Y si te quedas en casa, le vas a dar a la tecla y luego te sentarás en el sillón de lectura hasta que le salgan agujetas, que tienes una lista de libros pendientes que si los pones en fila te sales de la provincia. Esta semana te has cobrado cinco o seis piezas buenas, que hay que sumar a todo lo que se te ha acumulado en el último mes y medio. Si en Amazon se vendiese tiempo para leer…».
No le digo nada a Paco, pero anoto esa última idea, que no es mala para un cuento, mientras él sigue elucubrando.
«Pero también es posible que te veas tentado de bajar las persianas del salón, hacerte unas palomitas de maíz y darle a lo del cine. A lo mejor te planteas verte una trilogía de las que te gustan, entera, a calzón quitado. Lo mismo estás dándole vueltas a ponerte todas las de El Señor de los Anillos, de golpe. No. Lo de El Padrino, las tres. O no, no, espera: Billy Wilder, que andas con Pacto de sangre y con el libro que encontraste sobre su filmografía, ése de Luis Alegre. Tú te vas a ver El apartamento, Perdición, Con faldas a lo loco, Un, dos, tres o algo así».
Caliente, caliente, Paquito. Cómo afinas.
«Claro que… Después de ver que ayer, Viernes de Dolores, Morante estuvo andurreando por Sevilla emulando a Paco Rabal en Juncal…».
Que te quemas, Paco, que te quemas…
«¡Canalla, te vas a poner la serie entera de Juncal! ¡Eso es! Y te vas a emocionar otra vez cuando él se pare ante la casa de Manolete, o cuando le hable a la Maestranza, o cuando se adentre en el albero y dé un natural y uno de pecho al aire. Y te vas a preguntar, aunque sabes la respuesta, si te toca más Fernán Gómez o Rabal, y vas a volver a asombrarte con El Brujo haciendo de Búfalo. Además, que Juncal, como Paco Rabal y como tú, se apellida Valera, y ahí ves tú una conexión estética y te gusta pensar que sois familia. Te la regalo».
Que me regalas qué.
«La idea del cuento, lo de comprar tiempo para leer. Anda, disfruta con la serie, que ya la tendrás preparada nada más que para darle al play».
Qué tío, este Paco, no hay quien lo toree. ¿Y el mando? Ah, aquí. Un platito de jamón, queso, el vino para luego… Juncal es un torero más artista que Belmonte, más valiente que Espartero…
Les den a todas las suecas. Todas vuestras. ¡Tomad nota! Yo no me quedo de rodríguez. Yo me quedo de Juncal.