Control

Nos están empujando hacia un mundo de control, acortándole a la cabra la cuerda que la ata a la estaca, cada vez con menos capacidad de movimiento. Supongo que este hecho es el que, a posteriori, definirá la era hacia la que caminamos. Las instituciones anhelan el control, tenernos controlados, manejados, fuertemente sujetos los hilos de las marionetas.

¿Para qué? Para garantizar que vivimos en régimen de esclavitud. ¿Y eso para qué? Pues no lo sé. No tengo ni idea de qué origina esa ansia que consume al reducido grupo que manda en el mundo y que lanza sus órdenes a través de la pirámide jerárquica de poder: desde los capitostes de grandes empresas tecnológicas al concejal de Cultura de tu pueblo. Pero es innegable que nos quieren controlados. Todo bajo control.

Uno de los ámbitos en los que se manifiesta ese delirio por mantenerte vigilado es en los hoteles. Me refiero a la lista de datos que te piden cuando te alojas, y que incluye número de teléfono, código postal y un mail. Yo esto me lo invento siempre que me lo piden, como es obvio. Y me he preguntado qué pasa si no tienes mail. ¿No puedes alojarte?

Pero de entre las muchas prácticas totalitarias que el sistema está permitiendo a los hoteles para que nos acostumbremos a ser controlados –así funciona esto: los de arriba permiten a los del medio cometer abusos y hasta crímenes para que el ganado se haga a la situación– hay una especialmente vergonzosa. Se trata de la costumbre de exigir una tarjeta de crédito por adelantado. «Es por tener una garantía». ¿Una garantía de que no soy un ladrón? «Es por si se originan gastos extra». Si se originan gastos extras ya los pagaré cuando se originen, no antes y a fondo perdido. Te piden incluso el pin. O sea, que te pueden hacer el cargo que quieran. Como si, al entrar al supermercado, me hiciesen ir a la caja primero, pasar la tarjeta, marcar el pin y luego ya entrar. «Es para garantizarnos que no se lleva nada de las estanterías». Resulta chocante que después de tratarte como un ladrón, te deseen una feliz estancia en sus instalaciones. Así es el presente de estúpido y de ridículo. ¿Y la opción de no tener tarjeta dónde queda?

Se trata de más control. De más observación. De más recortarle cuerda a la cabra. De ir convirtiendo la ganadería en un establo. Y de pasar del pastoreo a la cría intensiva de pollos enjaulados. Ahora preocupa más el bienestar animal que el humano; eso es el animalismo: tratar al humano como un animal, porque los animales, a esta gente, les da exactamente igual, son una mera excusa.

Control. Y el hecho esencial: el mundo está gobernado por el mal y esto se lleva a cabo mediante la imbecilidad colectiva.

Por lo demás, tenemos un precioso domingo para pasear, para no hacer ni puñetero caso de órdenes criminales. Para vivir.


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