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El ejercicio del comentario de texto ha sido eliminado de la Selectividad, que en esta temporada escolar que está empezando no sé cómo la han llamado.

Hace unas cuantas semanas se habló de las pésimas calificaciones de la educación española en los informes PISA. Se habló por encima, como todo lo que se habla, a la espera de la siguiente moda de opinión. Y ya dijimos que lo de PISA da un poco igual –absolutamente igual, más bien–. Que lo malo es lo malo del sistema educativo.

Más que los puntos sacados en un cuestionario hecho por no sé qué organismo internacional, la eliminación del comentario de texto sí es una de esas señales que indican el sibilino modo en el que los amos del cotarro, mediante sus empleados los políticos –de unos y de otros signos–, han ido desvirtuando la educación hasta convertirla en esa factoría de esclavos que ahora es.

Claro que no quieren comentarios de texto. Comentar un texto, ¿para qué? Ya te diremos lo que tienes que opinar, que pensar, que atender. ¿Matemáticas? Ya te haremos nosotros las cuentas de lo que necesitas para seguir pastando hasta que te volvamos a echar el pienso de la paguita el mes que viene. ¿Aprender de memoria? No necesitas memoria: ya te diremos nosotros qué ocurrió, por qué, quién lo hizo, quién fue el culpable y quiénes no fuimos los causantes de tu ruina. ¿Ciencias? No las necesitas. Ya te dirá la tele lo que es ciencia y lo que no, entendiendo por tal la verdad absoluta, indiscutible. Ya te diremos, en fin, las sustancias que tendrás que ir inoculándote, y te afirmaremos qué está pasando con el clima, que por cierto es a causa de tu modo de vida, que eres una huella de carbono desde que naciste. ¿Historia? Para qué vas a estudiarla, si siempre ganan los buenos y ya estamos nosotros aquí para explicarte cómo ocurrió todo antes de que nacieras y la suerte que tienes de que hayamos llegado nosotros al poder, que no sabes lo mal que se vivió aquí hasta que empezamos a mandar. ¿Filosofía? ¿Estás loco? ¿Qué tienes tú que pensar? Nosotros te diremos qué está mal y bien, a quiénes tienes que odiar, cuáles son los pensamientos adecuados y cuáles son nocivos.

¿Para qué quieres un comentario de texto, muchacho? ¿Para qué? Piénsalo. Si, ante lo que te espera, no hay mucho que comentar. Acaba tus estudios –aprobado, por supuesto, con un diploma–, vuelve a tu pobreza, a tu desesperanza, a tu ruina, y sobrevive latentemente hasta que nosotros te digamos. ¿Comentario de texto? Si te hemos hecho olvidar cómo se lee, ¿qué vas a comentar tú? Atiende al móvil, anda.


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