Cállate la boca

Desde hace varios años en los medios de comunicación se fomenta una idea que nos permite revelar mucho de la trastienda, a poco que se emplee mínimamente la perspicacia. Es la de que las redes sociales actúan como un campo de batalla donde la información que se maneja se convierte en algo de baja calidad, en bulo, en mentira, en manipulación, hasta en odio, mientras que la que se ofrece a través de los cauces tradicionales es considerada como de calidad o verificada. Es decir: que las redes están pobladas por canallas, mentirosos, dementes o exaltados, en contraposición al rigor y a la verdad que imperan en los medios de toda la vida: los periódicos, las radios, las televisiones, los gabinetes oficiales de distintos organismos…

El mero hecho de que esta idea de laboratorio se esté propagando con tanta insistencia no señala hacia ningún hecho cierto, sino que apunta a problemas en la trastienda, como decía. Lo primero que debemos considerar es que gran parte de las cuentas en redes que dividen, ocultan, insultan y falsean pertenecen al mismo poder, bien se trate de subcontratados que se limitan a obedecer órdenes y repetir argumentarios recibidos al dictado, bien sean simples bots –cuentas artificiales tras las que no hay nadie, sólo un algoritmo–.

En segundo lugar, no se sostiene la distinción entre la mentira de las redes y la verdad de los medios porque, sencillamente, los medios son propiedad del poder y, por lo tanto, no tienen a la verdad como hilo argumental, sino que sirven a los fines de sus dueños, a saber: enfrentar a la población, inocularle determinados odios y miedos y transmitir las ideas y los sentimientos que convienen al poder, y no a la gente.

Hasta aquí, todo sabido: el poder miente por sistema, el sistema miente poderosamente, y ante ello caben dos opciones: o sigues creyendo ciego a quienes sabes que mienten o eres consciente de que todo es mentira y desatiendes cuanto proclaman.

Pero no queda ahí la cosa. No iba a ser tan sencillo. Porque claro que las redes están habitadas por muchos a los que la razón no les toca más que de refilón, o por personas asustadas, o por presos del discurso oficial. Ya no se trata de quién tiene razón, sino de comprender que las altas instancias operan contra nosotros. Se trata de control, simplemente. Y las redes son otro instrumento de control. Puede que se les haya ido un pespunte y que esa contestación que permiten suponga una molestia. Cada día nos arrojan noticias de titulares aviesos que en seguida resultan desmontadas por los más rápidos, desactivando toda la mentira emitida desde la fábrica del poder. Sin embargo, las redes no son libres, pertenecen a alguien, y otorgan visibilidad u ocultan conforme a las necesidades del propio sistema. Ahora que andan con sus guerras, la información se vuelve aún más peligrosa, no sea que nos demos cuenta de que la agresión última es la de quienes mandan contra quienes somos mandados, parasitados, explotados. Me pregunto en qué andan todos aquellos que afirmaban defender a los más débiles frente a los poderosos, porque no hago más que verlos defender a los dueños del cortijo…

Puedes hablar. Pero cállate la boca. O mejor: habla, que tu voz no llegará más que a cuatro, quizá una cifra literal.

Control. Control del ganado, para pastorearlo. Lo que realmente les pondría en jaque no es que tuiteemos, hablemos y nos desahoguemos. Lo que les molestaría es que tomásemos el control de nuestras vidas, dejándolos a ellos al margen. Control de nuestras ideas, sentimientos, aversiones, gustos, percepciones… De nuestra formación, de nuestro cuerpo, de nuestra salud, de nuestras vidas. Y el control del dinero, de la creación del dinero, que es la clave de bóveda que sostiene todo este tinglado esclavista que llevamos padeciendo tanto. ¿Años? No, milenios. Pero cállate la boca. Que no se entere nadie. Ssssshhhh…


Publicado

en

por

Etiquetas: