AntiMidas

Son el AntiMidas. Todo lo que tocan lo convierten en ruina, en desgracia, en dolor, en un problema. Ahora van con lo de la vivienda, y esparcen a sus subcontratados por la Puerta del Sol suministrándoles tiendas de campaña, cuatro pancartas y un par de consignas que gritar. Se trata de las mismas huestes que mantienen con la sopa boba, quizá escogidas de entre las juventudes de los partidos políticos o de cualquiera de las muchas asociaciones que mantienen a costa de los impuestos robados a los demás. Buena cantera de futuros consejeros, ministros, presidentes, que cuando asciendan al cargo lo ostentarán sin saber lo que hacen, más que obedecer, sin haber vivido jamás en el mundo real, sin haberse enfrentado a las cuestiones sobre las que dirán gobernar.

Las escenificaciones del poder suelen comenzar con una noticia prefabricada que después elevan a categoría de cuestión urgente. En este caso, han escogido a una señora para cumplir con el guión. Se llama Maricarmen, si es que se llama así. Podrían haber escogido cualquier otro nombre que cumpliese con el perfil estético que se persigue.

Un escándalo tapa al anterior. Se ha perdido la cuenta de los crímenes cometidos este año, que se acumulan en las mentes del rebaño, incapaz de dar abasto. Así, a vuelapluma, en este 2026 tenemos lo de los muertos en el tren de Adamuz, provocado, cuando menos, por haberse quedado con el dinero destinado a mantener las infraestructuras. Tenemos el crimen cometido contra el campo, contra los olivares, arrancados para que las grandes corporaciones instalen sus placas solares. Las mismas beneficiarias, por cierto, de los incendios con los que asolaron media España en verano, dejando esos terrenos expeditos para colocar sus centros de datos. Tenemos la invasión de Ceuta, que ahí sigue, como un episodio más de la invasión generalizada llevada a cabo mediante sus organizaciones no gubernamentales, pero también mediante las gubernamentales. Tenemos el robo continuo en impuestos, que este año situó el día de la liberación fiscal el 18 de agosto: es decir, desde el 1 de enero hasta esa fecha se trabajó exclusivamente para el sistema. Tenemos el precio de los carburantes como daga continua introducida en el hígado de las economías familiares. Y ahora, en fin, han decidido darle otro golpe al problema del techo a través de leyes que acaben de hacer la cosa imposible de resolver: alquileres inasumibles, ninguna opción de compra y todo listo para que los fondos buitre se queden con el parque de viviendas. Paradójicamente, obran en favor de aquello que dicen combatir.

Pero así es el AntiMidas: en vez de convertir en oro cuanto toca, lo transmuta en división, en fuente de preocupación, en una razón más que conduzca hacia la esclavitud. Mañana pasarán a cualquier otro tema: la salud, la educación, la organización territorial, los transportes… Y cada asunto tocado, convertido en algo irresoluble. Porque el AntiMidas no soluciona problemas: el AntiMidas es el problema. Y tiene dos manos: la izquierda y la derecha, y te va dando a elegir entre ambas para que no te canses de ser apaleado siempre por la misma. Todo cuanto tocan, en definitiva, y como diría García Márquez, se convierte en mierda, como sus hacedores. Santo Dios, qué hartazgo de corral.


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