El azul Krahe

Ante la muerte de don Javier Krahe en julio de 2015, Juan Cruz tuvo a bien publicar estas líneas de un servidor en el diario El País:

“Javier Krahe, matrícula de honor en recreo, se marcha y nos deja el azul. Azul de sus ojos claros, donde uno veía reflejadas las aguas gaditanas en la alta mar de la madrugada. Es el azul del mar de los griegos Homero y Heráclito, de los que fue compañero, ejerciendo de poeta y de presocrático. Se ha ido de noche, como el que abandona la tertulia y el vino sin despedirse y busca del paseo redentor de vuelta a casa. En vez de volver al hogar, el poeta se ha encaminado hacia la aventura de la nada, a la caza de más sirenas, de más metáforas, de más nieblas que hilvanar.

Nos ha dejado el azul cristalino de sus versos, dignos del Siglo de Oro, bien contados, finos. A ratos, se pensaría que los fenicios inventaron el alfabeto, si es que fueron ellos, para que Krahe lo convirtiera en canción. “Y al mar, me dicta mi instinto, al mar, que es un laberinto”.

Hoy muchos lo descubrirán, acaso confundiéndolo con uno más de entre las estadísticas. Pero ha muerto un hombre vivo, a diferencia de quienes fenecen sin ánimo, sin ánima.

El Krahe se ha ido. Se ha ido escrito. Ha zarpado hacia la última singladura. Quedan viudos los fabricantes de puritos, los arcángeles de la noche, las novias, la poesía. Que el mar te sea leve. La muerte se ha vestido de azul Krahe”.

El azul Krahe en El País

 

 

Alexandria.0

alexandriaEl reto que me planteé al escribir esta novela fue el de mantener al lector sin darle tregua, al estilo de esos libros que viajan en metro con una persona pegada a sus páginas. Pero también tenía claro que todo no podría ser un juego de artificio, una fachada llamativa sin nada dentro. De modo que trabajé planteando cada problema narrativo como una estructura matemática, alzando andamios en cada capítulo (y quitándolos luego, obviamente), pensando como siempre en el que relee y no sólo en el que lee por primera vez, metiendo en las tramas todo aquello que me interesa: la ciencia ficción, el arte, Egipto, la biblioteca de Alejandría, la anhelada París…

Hasta qué punto alcancé el objetivo de crear una historia redonda y atractiva es algo que juzgará cada lector. Por mi parte, sí que opino que Alexandria.0 tiene el valor de haber alcanzado un estilo propio, reconocible, a pesar de que el modelo de novela no sea intimista. O lo que es lo mismo: ¿se puede hacer un libro de los calificados como comerciales sin renunciar a los gustos propios? Y la respuesta es que sí.