Libres o esclavos

Jamás hemos vivido tiempos como los presentes, tiempos en que el poder ejerce con violencia su influjo para no permitir bajo ningún concepto voces que pongan en duda las afirmaciones hechas desde las instituciones, todas ellas en manos de las élites que gobiernan el mundo.

Ni siquiera es necesario negar -el término negacionista lo han empleado hasta desgastarlo queriendo señalar con él a cualquiera que no baile el agua al discurso oficial-. Basta con ejercer un mínimo de actitud crítica, escéptica, racional, normal… para ser censurado, silenciado o tachado de loco o conspiranoico -otro insulto de diseño-. Las redes sociales no escapan a este mecanismo. Twitter está tomado por el discurso oficial. La libertad es vigilada, otorgada, luego no es libertad, sino sucedáneo de la misma: o sea, mentira.

El poder exige una masa babeante que rumie todos los mensajes que se inoculan mediante los medios de comunicación y demás plataformas del discurso oficial -aquí debemos incluir la ficción, tan sufragada y censurada como los telediarios o los comunicados oficiales-.

Así las cosas, no hay experto independiente al que se le dé voz. Sólo lo que ellos digan. A pesar de que el discurso oficial es la voz de unos criminales que mienten, promueven el odio, lanzan mensajes encaminados a la destrucción de la sociedad y hasta presionan para que los incautos que siguen atendiendo a la oficialidad se dejen matar.

No hay más que libres o esclavos. No queda término medio. Son las dos partes en que ha quedado dividida la sociedad, sin vuelta atrás ya. Una masa de atemorizados, desinformados, obedientes a las órdenes genocidas de los de arriba. Y enfrente, los apestados por el sistema. Los libres. Los que dicen que todo cuanto se afirma en materia económica, social, sanitaria, bélica, climática, racial, educacional, política, histórica… todo es mentira.

Libres o esclavos. Y en cada esclavitud, recordemos, existe una asunción de la misma. A los libres nos pueden matar, pero no esclavizar. Para ser esclavo, hay que estar de acuerdo en ser vilipendiado por el criminal de arriba y por sus miserables empleados. Hay que salir a aplaudir a las ocho a los balcones de la vergüenza. Aplaudir a los que te están asesinando. Libres o esclavos. No hay más.


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